Me vestí rápido, un chandal y deportivas. Hice la mochila, algo de muda limpia y mis últimos cuatro poemas, no hubo tiempo para mas. Salí de casa maldiciendo, jurando que nunca mas regresaría y que jamás perdonaría.
La noche era fría y lluviosa y mi destino era como la noche, oscuro y triste. Caminé hacia tu casa, llamé y bajaste. Me miraste como quien mira a un pobre, con ese gesto de caridad que asusta e insulta al orgullo. Fuimos a deambular por el pueblo hasta que llegamos a un descampado, allí, en un viejo muro nos sentamos, la lluvia había decidido darnos una tregua.
Al día siguiente marchabas de viaje, vacaciones, a un lugar lejano que mi mente entonces era incapaz de imaginar, realmente tanto me daba. Yo solo veía la noche y una tierra inhospita para mi . En aquel momento era un árbol al que habían dejado con las raices en el aire, un pez fuera del estanque. Busqué tu cuerpo para refugiarme pero tu esquivaste el intento. Tu solo hablabas y hablabas, me hacías preguntas estúpidas sin darte cuenta de que con solo un abrazo yo hubiera tenido bastante. Solo un abrazo hubiera sido suficiente para que la cuerda no se hubiera roto, pero no, no fuiste lo suficiente persona para darte cuenta. Mi pena y mi agonía se convirtieron en cinismo y te dolió, sobretodo cuando a ti se te ocurrió preguntarme que adonde me enviabas la postal. No recuerdo mis palabras pero si tu cara de desconcierto y de enfado... Mi mundo se hundía y tu, mi último salvavidas, no viste en mi la horfandad, las urgencias de un apoyo, para ti, instalada en tu fácil comodidad, aquello solo era una película mas, de esas en las que el chico al final se queda con la chica y le promete un futuro de color de rosa. Y no, la vida no es hollywood, ni existen los principes azules, pero eso lo habrás aprendido con el tiempo, yo ya lo aprendí.
Y después te fuiste y yo me quedé allí, solo, compartiendo mis horas con la lluvia, con el frío de una noche verano , en un lugar al que odio y al que cada vez que regreso me hace temblar.
sábado, septiembre 23, 2006
martes, septiembre 19, 2006
Cuento
Cogió el campesino las semillas y con cariño les pidió que le dieran buen trigo, a lo que ellas contestaron: buen hombre, todo dependerá de la tierra. Fué el buen hombre a hablar con sus tierras para que al plantar las semillas las hicieran crecer con fuerza y estas le contestaron: granjero, esto dependerá de las nubes si nos dan de beber. El granjero se digió a las nubes pidiéndoles que le dieran agua a sus tierras y estas le contestaron: si, regaremos tus campos si el mar nos deja su agua. El hombre amablemente fué a hablar con el mar y este le contestó: gentil campesino, yo le dejaré el agua a las nubes pero tendrás que hablar con el sol para que se la entregue. El hombre ya cansado llamó al sol y este le respondió:
Yo siempre estaré aquí, haré que tus plantas tengan agua y calor. Tendrán días grises y días brillantes, con mas frío o con mas calor, con mas agua o con menos agua, pero ten por seguro que tus campos volverán a tener todo el trigo que necesitas. Confía siempre en mi y nada te faltará.
P.d: La felicidad siempre está ahí.
Yo siempre estaré aquí, haré que tus plantas tengan agua y calor. Tendrán días grises y días brillantes, con mas frío o con mas calor, con mas agua o con menos agua, pero ten por seguro que tus campos volverán a tener todo el trigo que necesitas. Confía siempre en mi y nada te faltará.
P.d: La felicidad siempre está ahí.
Y ahora qué
- Dime, por qué apretaste el gatillo.
- La noche era oscura y el se escondía entre las sombras.
- Dime, por qué apretaste el gatillo.
- Porqué vivía de sueños e ilusiones.
- Dime por qué apretaste el gatillo.
- Porqué pensaba que todos sentíamos.
- Dime la verdad, por qué apretate el gatillo.
- Porqué me hacía débil y hay partes de un hombre que uno debe suprimir.
- La noche era oscura y el se escondía entre las sombras.
- Dime, por qué apretaste el gatillo.
- Porqué vivía de sueños e ilusiones.
- Dime por qué apretaste el gatillo.
- Porqué pensaba que todos sentíamos.
- Dime la verdad, por qué apretate el gatillo.
- Porqué me hacía débil y hay partes de un hombre que uno debe suprimir.
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