viernes, noviembre 10, 2006

Ingrid

Amanece, el sol lentamente se cuela por las rendijas de la persiana, traspasa la cortina e ilumina el cuarto. Estoy sudando, con este tiempo la nórdica no sabe si viene o va, sus funciones aún están por delimitar. De repente noto unos suaves golpecitos en mi espalda, la cadencia y la fuerza van aumentando por momentos, pero yo perezoso me resisto a volverme, morfeo es un gran amante. Los golpes aunque suaves se intensifican y yo con los ojos cerrados decido darme la vuelta. Unas manitas acarician ahora mi rostro, están calientes, son suaves, recorren a trompicones mis mejillas, mi nariz, mis ojos.... Enciendo la luz de mi mente, enfoco mi mirada cansada y allí esta ella, mirándome, con la cara brillante, con una sonrisa de oreja a oreja que deja ver los cuatro dientecitos que ya tiene. Me desperezo y la atraigo hacia mi, balbucea y se rie, le digo suavemente que la quiero, que es lo mejor de mi vida y ella sigue sonriendo. Yo sonrio, con una sonrisa que solo brota del alma, pura, infantil, única. Es el mejor momento del día, es la felicidad total. Ya ha pasado casi un año desde que nació y sin duda ha sido el mejor año de mi vida.